Quizá en un par de terabytes de memoria podrían recogerse y documentarse los casos de corrupción de estos últimos 5 años en el Ecuador (ojo, no diez), donde el denominador común es la impunidad. La impunidad permite que el respeto y la vigencia de las leyes sea un mero “brindis al sol” que, tal como se decía en el derecho indiano, “las leyes se acatan, pero no se cumplen”, y en el derecho creado en el correismo, a más de no cumplirse, se lo creaba arbitrariamente.
En Democracia, la vigencia y cumplimiento de las leyes -sobre todo de la Constitución- es la sustancia que se mueve entre las funciones del Estado como sucede dentro de los vasos comunicantes. Pesos y contrapesos significan, en la metáfora propuesta que, si una Función no cumple con la Ley, la otra la fiscaliza y al final del día, por sobre todas está la Justicia, y ésta solo es aplicable por parte de los jueces, los cuales son -en teoría- el crisol del cumplimiento de la Ley.
No importaría, por ejemplo, que tengamos (o hayamos tenido) un Presidente autoritario pues, si su comportamiento era ajeno a la Ley, las otras cinco funciones fiscalizaban y sancionaban. Si algún Asambleista (o una mayoría de ellos) violaba concertadamente la Ley, los demás actuaban, ya destituyéndolos o enjuiciándolos. Esa es la Democracia. Lo reprochable de violar la ley -de lo que todos somos capaces, porque humanos somos- es la inexistencia de sanción. Lo contrario a la democracia, lo digo con convicción, no es la tiranía, es la impunidad.
Y la aplicación de la Ley se la hizo de manera implacable en contra de la gente que no pensaba ni se alineaba con el correismo, de quienes salimos a las calles, de quienes querían hacer negocios honrados y sin padrinos con el Sector Público. A los contrarios si se los sancionaba. Se les aplicaba la Ley.
Logró el gobierno anterior (con unas estelas gigantescas hasta el día de hoy) crear un Estado que en todas sus Funciones brillaba la impunidad como regla pues, tenían en todas, mayorías, las cuales actuaban adictas al Poder de uno solo, y éste, ya sea intimidando, o comprando, logró hacer que lo obedezcan, como la letra del Mariachi: “…y mi palabra es la ley”.
La impunidad tiene su nacimiento en la concentración del Poder en una sola persona, eso fue lo que la Burguesía procuró destruir en la Revolución Francesa, y por ello se teorizó y construyó a un Estado regido ya no solo por uno, sino por varios, con responsabilidades compartidas. Principio esencial de la Democracia es repudiar que uno solo gobierne y decida sobre vidas y bienes de la gente.
El profesor Kelsen en su libro “Esencia y valor de la democracia” [1929], Labor, Barcelona, 1934, cap. VIII, p. 11, dice: «De las entrañas de su espíritu provienen las palabras que Platón pone en boca de Sócrates en su Estado (III, 9), al preguntarle cómo se trataría a un hombre de cualidades excelsas, a un genio, en un Estado ideal: ‘Le veneraríamos como a un ser divino, maravilloso y digno de ser amado; pero, después de haberle advertido que en nuestro Estado no existía ni podía existir un hombre así, ungiéndole con óleo y adornándole con una corona de flores, le acompañaríamos a la frontera’
Hoy por hoy, al hombre de las cualidades descritas que gobernó el Ecuador por 10 años, no queremos acompañarlo a la frontera, -porque huyó-, sino que queremos que se le aplique la Ley, que responda por la impunidad que propagó y auspició, y que todos sus compañeros de fortuna rindan cuenta, siempre y cuando, claro, haya autoridades con convicciones democráticas y de valores éticos.
